Pintor de la escuela sevillana que como otros muchos de los artistas contemporáneos afincados en Sevilla compatibilizó, sobre todo en sus comienzos, la pintura cerámica con la pintura al óleo. Nacido el 25 de septiembre de 1907, por sus obras firmadas sabemos que trabajó para la fábrica de la Viuda de José Mensaque y Vera hacia 1920. Otros pintores contemporáneos suyos fueron Juan Miguel Sánchez Fernández, Eduardo Acosta, José Martínez del Cid o Juan Rodríguez Jaldón, todos ellos influidos por la renovación artística que supuso la presencia en Sevilla de Gustavo Bacarisas (1873-1971) en los años de la Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla en 1929.
Ingresó muy joven en la Escuela de Artes y Oficios, desde donde pasó al estudio del pintor Manuel González Santos; allí permaneció un par de años para continuar luego por cuenta propia, perfeccionando su formación, con exposiciones en las más importantes ciudades españolas. Fue pensionado por el Ayuntamiento por sus aptitudes, así como distinguido con otros galardones. En los últimos años de su vida desarrolló una importante tarea docente.
Su estilo fue el naturalismo dentro de un variado género con gran índice de comercialidad, en especial sus bodegones y paisajes, así como el retrato, dotados de gran realismo. Lástima que su arte se truncara por la fatalidad del destino. Persona modesta y sencilla, falleció prematuramente en trágicas circunstancias en agosto de1957, a los cuarenta y nueve años de edad. El Ateneo y la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría rindieron a Cantarero sendos homenajes póstumos, el primero con una exposición antológica de su obra, el segundo en la dedicación de una sala en el certamen de otoño.
El Ayuntamiento de Sevilla le dedicó una calle en el barrio de Ciudad Jardín.
Fuente: Recopilado de: 1.“Arte y Cultura en la Prensa. La pintura sevillana 1900-1936”. Inmaculada C. Rodríguez Aguilar. Universidad de Sevilla. 2000. 2. Olmedo, Manuel. Artistas Andaluces en el recuerdo: Rafael Cantarero. ABC de Sevilla, 10 de abril de 1979, página 30.