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Antonio Carrasco Bernal fue un trianero de adopción y un entendido en la cerámica del barrio más universal de Sevilla. Aunque nació en el barrio de San Lorenzo en 1934, en plena adolescencia, 1949, ingresó como oficinista en la prestigiosa firma Cerámica Santa Ana, en pleno apogeo de producción cerámica y ejecución de retablos cerámicos, bajo la dirección artística del Antonio Kiernam Flores. A partir de entonces se enamora de los barros vidriados, se hace un trianero más y comienza a cultivar su faceta de recopilador de datos, fechas, personajes y todo lo relacionado con la cerámica trianera.
Su sapiencia en esta faceta pudo plasmarla a través de las páginas de la Revista Triana desde los años ochenta del siglo pasado, publicando multitud de artículos sobre la cerámica y los ceramistas, y ejerciendo un innegable magisterio a través de sus escritos.
Cultivó una gran amistad con el ceramista Antonio Kiernam Flores, con el que convivió estrechamente en Cerámica Santa Ana casi tres décadas. Ya tras su jubilación decidió que tenía que rendir un homenaje al maestro Kiernam, con la publicación que hoy nos ocupa, que vio la luz en 2002, año en el que se cumplía el centenario de su nacimiento, prologada por su amigo y ceramófilo Martín Carlos Palomo García.
La obra fue editada por el Distrito Municipal Triana-Los Remedios y consta de varios capítulos, dedicados sucesivamente a introducirnos en las fábricas y talleres de cerámica de Triana, el proceso de fabricación de azulejos, el personal de los talleres, la Triana de los años cincuenta, un recuerdo a Enrique Rodríguez García, uno de los últimos propietarios de Cerámica Santa Ana, la firma que dirigió artísticamente Antonio Kiernam, a quien dedica los dos últimos capítulos, uno sobre su vida y otro que contiene una recopilación de sus obras más destacadas. Todo el libro está trufado de informaciones inéditas y vivencias personales, pues todas sus páginas transmiten el calor del día a día, el mismo calor que guardan en sus entrañas esas sencillas y humildes piezas de barro.
En definitiva, estamos ante un libro que a pesar de no ser muy extenso, sirvió de prototipo para que posteriormente otros autores dedicaran monografías a ese elenco de pintores ceramistas que quizá de otra forma, solo hubieran pasado a la posteridad por su firma o sus iniciales plasmadas en los miles de azulejos y retablos cerámicos que salieron de los hornos trianeros para dar brillo y reflejos de gloria a la historia de la ciudad de Sevilla protagonizada por el barrio de Triana.