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En la escena vemos el interior de una iglesia, tal vez una sacristía, en la que un abad (lo sabemos por la mitra que hay sobre la mesa) podría estar inmerso en una lectura o a punto de comenzar la propia misa.
La figura del abad aparece en la parte central de la escena mientras parece que se prepara en una suntuosa sacristía. Hay un cojín en el suelo que indica que quizás se disponga a arrodillarse para comenzar a rezar.
Llama la atención el paramento ricamente decorado con azulejos y cerámica vidriada, de gran colorido, muy del gusto sevillano y que probablemente el autor reflejara influenciado por sus múltiples visitas al Alcázar de Sevilla, del que se consideraba un enamorado. En la parte alta aparecen los escudos de los Reinos de Castilla y León y Aragón.
La técnica empleada en esta pintura, de trazo corto, casi puntillista, es de gran gusto por el detalle, muy preciosista.