D00949. La cerámica en la pintura. La cocinera. Discípulo de Bartolomé Esteban Murillo. Museo Nacional del Prado. Madrid.

Óleo sobre lienzo. Alto: 124 cm; Ancho: 167,5 cm.

El tema del lienzo es una joven muy atareada que, mientras despluma un gallo de rodillas, ha de atender a varios fuegos en una cocina repleta de cacharros de barro. A la izquierda del cuadro, sobre un anafe de hierro, se ve una olla grande de doble asa de tipología sevillana tapada, con un plato sobre el que se coloca el cucharón de madera. De este mismo centro es el puchero, que más al fondo aparece sobre la lumbre de la chimenea. En el ángulo inferior izquierdo, en primer término, aparece un anafe de barro al que se han adaptado unos hierros para asar. Su tamaño, forma y decoración son muy singulares, con molduras digitadas y trenzadas respectivamente en su borde inferior y superior.

Aunque se trata de una pieza muy especial, la tonalidad del barro permite reconocer las gredas del Guadalquivir con las que trabajaban en Triana los alcarraceros. En la parte derecha, de abajo a arriba, detrás de la cabeza del niño, una botija doméstica verde, de las denominadas «perulas», evocando aquellas que se enviaban a Perú, y no solo a este país, tipología frecuente que ha pervivido hasta el siglo xx en estos alfares (Pleguezuelo, 2016: 32). Detrás de la vasija se observa un lebrillo melado que se apoya en un mueble sobre el que hay una fuente circular, una jícara boca abajo y una jarrita que, por su barro blanco y poroso, se supone una alcarraza sevillana; y encima de todo esto, sobre una repisa, una escudilla y platos esmaltados en blanco. En este lienzo, el autor sevillano ha compuesto,
verdaderamente, una completa sinfonía con el barro de su propia ciudad. (Alexandra Van Dongen)

Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/.

Bibliografía: Villegas Broncano, M.ª Ángeles (ed. cient.). (2025). La cerámica en la pintura del Museo Nacional del Prado. Madrid: CSIC.

Fotografía: museodelprado.es