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Si bien los paneles a izquierda y derecha del frontal siguen literalmente los grabados atribuidos a Bernard Salomon, no ocurre lo mismo con el frente de la mesa donde aparecen, los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Como puede verse, a diferencia de los dos grabados anteriores, al usar éste, Augusta tuvo que introducir numerosas modificaciones porque la proporción vertical del grabado no correspondía a la horizontal del frente de altar. Hizo esta adaptación con extremada habilidad demostrando así la capacidad compositiva de un pintor experimentado.
Augusta se limitó a explayar las cuatro figuras de los jinetes que en el grabado aparecían forzosamente superpuestas por la estrechez del espacio disponible.
De izquierda a derecha tenemos el caballo amarillo montado por un esqueleto que sujeta un tridente con el que da muerte al rey de los enemigos, representando a la muerte. En este caso el caballo es pardo oscuro para destacarlo del fondo amarillo de toda la escena.
Lo sigue el caballo negro, que representa el hambre cuyo jinete muestra la balanza en que se pesaba el trigo para hacer el pan que, a precios inalcanzables, provocaban la hambruna del pueblo. Lo pinta Augusta con el color morado de manganeso, pero diluido para poder representar mejor la musculatura del animal.
Aparece a continuación el caballo rojo, aquí representado en ocre dado que el rojo no se sabía hacer en cerámica en esta época salvo en Italia y en Turquía. Lo monta un guerrero vestido a la romana que sostiene una espada y representa la guerra.
Finalmente, el caballo blanco montado por un rey que dispara una flecha al enemigo del alma cristiana en señal del triunfo del Bien sobre el Mal que representa al Cristianismo frente al paganismo.
Volviendo al panel y a sus problemas de conservación, diremos que la imagen que el frontal ofrecía hasta hace muy poco tiempo era un absoluto rompecabezas descompuesto, con numerosas piezas desubicadas e incluso otras que no formaban parte de la escena original y algunas que faltaban porque habían sido desvinculadas de esta.
Por suerte, la imagen que ofrece el frontal desde 2006 es el resultado de un primer esfuerzo del equipo que ha trabajado recientemente en el convento. Faltan en este momento 33 azulejos para completar el panel, encontrándose algunas de esas piezas repartidas por diversos puntos de la iglesia y ojalá se puedan restituir a su lugar de origen en una futura intervención.
La encimera del altar estuvo en origen íntegramente revestida de azulejos en los que se representan querubines dispuestos en diagonal y unas guardillas que rodean el ara del altar. Por causa de algunos desperfectos, los huecos fueron rellenados con azulejos de arista y otros figurativos del mismo Augusta, con fondo amarillo e incluso con otros azulejos azules del siglo XVII. (Alfonso Pleguezuelo Hernández)